sábado, 26 de junio de 2010

Contaminacion mental

Fernando Delgadillo dice: “se puede hablar tendido y largo tiempo del daño de (la) contaminación que ensucia ambiente y medios de la comunicación, a México, a sus dirigentes y hasta su revolución”. Resulta impresionante darse cuenta de que este fenómeno no sólo afecta al medio ambiente, sino que va más allá. Hay una que se realiza desde arriba, desde aquella gente que a diario intenta movernos los hilos; existe también una contaminación mental. Como armas fundamentales: los medios de comunicación; donde se juega un tablero de discursos manejados, de manipulaciones psicológicas y piezas elementales movidas a conveniencia de lo que se necesite provocar.

Cuando no es la niña encontrada entre el colchón y la cama, es el político desaparecido, o la llegada del mundial, todo acomodado estratégicamente para mantener una sociedad entretenida, enajenada de una realidad que las más de las veces prefiere no ver.

Sorprendente es la parálisis vital que provocó la llegada del mundial. La Secretaría de Educación Pública (SEP) autorizó la suspensión de clases durante los partidos de futbol, y los noticieros se congratularon transmitiendo las imágenes de todos los niños en las aulas, gritando centenar y medio de groserías en lugar de practicar las tablas de multiplicar; ¿acaso vale más la pena tenerlos ahí dos horas mirando el futbol a estudiar literatura, o ciencias naturales?

Viene el gobierno muy patriota apoyando a su selección y a compartirlo con todo su país, ¿pero solamente se es orgullosamente mexicano a la llegada del mundial, o las celebraciones patrias?, ¿y entonces el movimiento del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) no es problemática importante en el país y por eso estorba en la plancha del zócalo capitalino para colocar la pantalla gigante?

Se gastan millones de pesos en la selección, y ¿para qué sirven?, ¿por qué no se invierten en educación? Simple, porque al gobierno no le interesa tener gente que reclame sus derechos, que maneje un discurso propio. Yo no digo que la televisión o el fútbol sean malos, sólo considero que los ciudadanos deberíamos marcar un límite, tener la libertad de elegir: ¿simple entretenimiento o la total enajenación?, ¿reciclamos lo que entra a nuestra mente o lo echamos todo revuelto dándole la misma utilidad?
andro0717@gmail.com

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