miércoles, 2 de junio de 2010

Sin conflicto por María para volver a él.

C. D. S. V.

Hoy una infantil nostalgia me arrolló la tarde

¿y a partir de ahora cuántas tardes más?

Maldita costumbre y maldito final


Maldigo todo y reprocho con furia,

y grito al viento que echaré de menos muchas tonterías

y que deseo volver, y estar en el principio,

y al ritmo de Lavaniegos “desaprender todo lo aprendido,

nada saber para entender todo,

olvidar cada palabra que cruzó mi oído…


Parece absurdo el conflicto

y parece aún más que no sea por María,

por la eterna María


Cuando a la manzana se le hace costumbre colgar del árbol

se pudre ahí, colgando, aferrada,

y al final si ella no cae el árbol la tirará,

como quien extirpa un cáncer,

como quien suelta lo inservible


Un ciclo cerrado y punto de partida según María José Hernández;

pero qué difícil es seguir un texto después de un punto final,

siempre he preferido el punto y seguido, o los tres suspensivos,

todos menos el final,

el que perturba, el que exige una pausa más larga,

prolongada, hasta el nuevo inicio, hasta recargar la tinta


Maldita situación exasperante,

maldito tiempo que no puedes detenerte o regresar

¿Qué demonios te falta para aprender a hacerlo?

¿Qué pides?, ¿acaso más arena?,

¿un cuerpo en reloj más perfecto que el de la mujer?

Pides demasiado, pides lo que te pido,

pides lo imposible,

pero yo te pido maldito, haz lo posible,

en todo caso regrésame las lágrimas…

Vuélvete que nada te cuesta,

acaso un par de horas perdidas, para mí ganadas…


Y estoy en ceros otra vez,

sentada, mirando el aire, el tiempo, las cuatro paredes

entre eso tu rostro María

y regresa la manía de sólo pensarte,

de buscar palabras que rimen con tu nombre,

de sentir nostalgia, de imaginar en tu cuerpo la arena del reloj…


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